domingo, 14 de junio de 2009

Entre paréntesis

Es curioso venir a descubrir cositas simples a esta altura de la vida. (tal vez no era necesario el diminutivo, vos que decís?. Tal vez no sea necesario decir tal vez y jugarme y afirmarlo y ya basta. Pero como me cuesta hacerme cargo)
Una mujer boba descubriendo algo simple. (El diminutivo y el tal vez que porquería, tenés razón, debería haber dicho... "He descubierto algo simple, pero importante. Yo me hago cargo. Es difícil, pero me hago cargo. Y eso no es noticia")
Sucede, como es de notar, que igual que ciertas aves migratorias, las musas me visitan y me abandonan con cierta facilidad, sin pedir permiso al llegar y sin avisar cuando se van. A la manera "el que se va sin que lo echen..."
El problema no sería que vayan y vengan a gusto y placer, el problema sería- y ya me estoy pareciendo a Arjona lo cual confirma lo que intento decir- que definitivamente me abandonen.
(Me inquieta la incapacidad de expresión y la sensación de parálisis que me trae... no te vayas todavía)
Lo llamativo, pequeño y simple que vengo a descubrir es que cuando sucede esta pérdida de creatividad, de estos fantasmas que me acarician, de esta música que solo yo escucho, es cuando puedo soltarme un poco. Tomar distancia. Escuchar mi respiración un poco mas lejana. Y qué alivio...
Es cuando me suelto. Es cuando puedo ver hacia afuera. Es cuando dejo de ser, por un rato, egoísta.
(Me inquieta pensar que no consigo moderar mi introspección, a quien le importa si pinto o no, si escribo o no, cuando concretamente se me necesita? no justifico nada, puras palabras)
Me gusta esta sensación, tanto como la otra (me gusta más la otras porque soy egoísta)

Sin mas vueltas- confirmando que además de estar sin inspiración no tengo capacidad de síntesis- detrás de todos los colores y las notas... está ella.
Ella... bueno, mucho no lo cree. A ver, como decirlo... mucho no cree estar detrás de las cosas.
(¿Vos me decís que quedaría mejor escribir "ella esta delante de las cosas y antes del pensamiento"? Bueno, en realidad ha roto con mi narcisismo. Por qué meto la inspiración en todo esto?)

Seguramente en este momento duerma, con dos rodeándola. Una a la cabeza y otra a los pies.
Seguramente el aire este tibio y duerma con poca ropa.
Seguramente descanse en un ambiente escenográfico, de medias y telas perfectamente en su lugar.
Debe llevar unas cuatro horas dormida...
(Yo sé que me recomendás no intervenir en sus horas, no intervenir en sus tareas... y no te voy a decir nada mas. Sé que me lo recomendás, y quiero escucharte y obedecerte. Recién cuando te vayas, veré si tengo ganas de otra cosa... ahora solo mate. Pero todavía no te vayas.)

Hasta extrañarla resulta egoísta.
Por momentos creo que todo lo que siento es egoísta, el amor lo es... (ok, lo hablaremos en otro momento, ya discutiremos sobre eso. Puede ser que el amor sea justamente lo opuesto, puede ser. Tenés razón, es como la tercera o cuarta vez que tenés razón. Acabo de decir que rompió mi narcisismo y eso es como salir del cascarón... o no?. Bueno, no me vengas con Krishnamurti á ces heures, eso de contemplar al otro como a una puesta de sol... no?
No me dejes así, tan sola. Habláme otra vez). Bueno otra vez no. Otra vez la otredad.
Otra vez esta tos, y vos... que te me vas.
Ya no puedo pensar, como me suele pasar. Pienso en abandonar el mate. En volver a la cama. Sola. Pienso en ir a verla. En salir a correr como antes, si no fuera por la pierna.
Si no fuera por ella.
Y esta tos.




viernes, 12 de junio de 2009

A mi sostén

Has sido más de lo pensado.
Me acompañaste en silencio.
Has dicho más de lo que hubiera querido escuchar.
Me has sacudido como el amor.
Tuve que escucharte. Quise escucharte. Necesité escucharte.
Necesito hoy escucharte, como siempre.
Tuve que entenderte, lo quise hacer, y lo necesité después.
Lo necesito hoy.
Quise cuidarte, se me escapó de las manos muchas veces.
Te quiero conmigo.
Como una cábala?
Como una costumbre?
Me diste noches de palabras ciertas y de las otras.
Me diste días oscuros, profundos. Como este azul (otra vez este azul).
Me diste tu ira cuando me viste mal.
Me diste tus miradas, hacia todo.
Me diste tu fuerza.
Me diste tu constancia.
Me diste tu tenacidad.
Me diste tu admiracion.
Me diste tu aprobación.
Me brindaste tu inteligencia.
Fuiste mi cómplice.
Me diste tu perdón.
Te quiero conmigo.
Como una cábala...?
Yo creo que no.
Te necesito, como siempre.
Simplemente te quiero.
Más allá de la sangre... te elijo, y te quiero...

jueves, 11 de junio de 2009

Los árboles de la vereda

El método de resolución de un sistema de ecuaciones lineales, es decir, con dos incógnitas, consiste en despejar una de ellas en una de las ecuaciones, y sustituir su expresión en la otra, obteniendo de este modo una ecuación con una incógnita que se resuelve.

Faltaban dos horas y cuarto para que sonara el despertador que ella no dejó. Por estar soñando, despertó exaltada, y su aflicción le hablaba de motivos importantes que sonaban en su pecho al estilo "Así habló Zaratustra".
Se sentó en la cama y miró hacia donde se esperaba ella misma. No existe terrífico comparable al espanto de desconocer la imagen del espejo (y no ésa imagen psicológica que muchas veces desconocemos, que a mi también me pasa). Desapareció del territorio especular y volvió instantánemente. Descubrió aturdida que los movimientos de la imagen ajena respondían a los propios. Como si fuese ella. Hizo toda clase de gestos y ademanes, coqueteándo con el ridículo...
Entonces, lo inevitable: era ella. Pero no ella.
Quiso tocar el espejo.
Sonó el despertador.
Amaneció cansada como todos los días, pero con sospechas que le hacían sonreír, no le dio demasiado crédito a sus suposiciones, y se levantó.
Cumplió con los ejercicios que inician el día, y comenzó el trayecto que la conduciría a su trabajo.
Como de costumbre, con carácter áspero y acre, contó los árboles de la vereda.
Siempre 45.
Una vez descubierto el secreto matemático empezaba a aburrirse. Entonces contaba al revés, de 45 a 1 (no se le había ocurrido contar otras cosas o descubrir brujas en las nubes o un conejo), y otras... de 5 en 5, otras... contaba 5 tramos de 9 árboles cada uno.
Pero esta vez, algo la detuvo.
Había visto su rostro en una vidriera. Más tarde su cuerpo entero. La imagen que le devolvía ese vidrio, no la reconocía, aunque recordó un sueño... efectívamente, no era la misma que se había dispuesto a dormir la noche anterior.
Comenzó entonces a transitar el camino de regreso. No iría a trabajar, de todos modos, estaría ausente. No era argumento suficiente asegurar que era ella quien había trabajado en ese escritorio durante doce años, mientras el cuerpo lo negaba irrespetuosamente.
Al llegar a su casa buscó fotos con desesperación, se vio en una, en dos... en casi todas... No con este cuerpo, pero sí después de todo. Era ella, en compañía de una mujer.
Empezó a tener un pensamiento ambicioso.
En ese momento sintió que ella la estaba salvando de la vulgarización de la raza.

Una vez resuelto el enigma, poco importa si ha sido gracias a la primera, a la segunda ecuación, o simplemente responde al rigor puesto en el conteo de los árboles de la vereda.
Después de todo, nuestro destino es sustituírnos contínuamente.

Inevitables alucinaciones durante la duermevela


Bajo esos arcos de cejas pasa todo el cielo, pensé. Entonces me quedé sin palabras.

miércoles, 10 de junio de 2009

Al desamparo del cielo


Hoy. Es decir, siempre. O casi.
No creo en lo absoluto (palabra parecida a absurdo, o a mi me recuerda a ésa...).
Hoy no tengo una verdad inapelable.
Sin embargo escribo claro. O eso creo.
A casi nadie le interesa la imágen que comparto hoy (no pretendo infundir pena, es una realidad evidente).
No estoy segura si siquiera a mi me interesa.
Creo que sí. Algo.
No sé qué.
Esa sangre? Esa mirada?
Lo cierto es que apenas veo faros cada dos o tres horas en medio del océano.
Recupero el amparo y lo vuelvo a perder.
El ejército de pinchazos en el pecho va y viene, como estas olas, como esta tos, como este dolor.
Pronto la luna se descuelga y...
Pronto conjugaré los verbos como debiera.

martes, 9 de junio de 2009

Tdoo es meczolnaza, ecxpeto la verdad

No tnego en clrao si cietra ifnromcaión me apbauye y enceisto liebramre de eall, o sno las emocinoes y no más. Tampcoo la froma de hacrelo, si es con óloes o cno la palarba aclanza. Si se me mezlca tdoo coom en etse moemnto...
Poruqe aís etsá lo uqe cnotnego.
Sóol la verdad no me cofnunde.
La cnoozco. La rsepiro.
Eall me aclanza.

Poruqe no se enteinde lo uqe no se uqiere etnender.

domingo, 7 de junio de 2009

EL GRITO MUDO Y EL SILENCIO QUE ATORMENTA

Estoy sentada, con la cabeza apoyada en mi brazo derecho, sobre la mesa y con los ojos cerrados. Me duele la cabeza, pero el dolor no es fijo -y por qué habría de serlo-. Se traslada de un lado hacia otro (por supuesto deliberadamente, y cacheteándome el cerebro sin piedad). Tengo la mano dormida y el brazo no correrá con mayor fortuna. Ninguna parte de mi cuerpo se mueve, y no creo tener la voluntad para que ésto suceda. Soy consciente de mi existencia gracias a los pobres sonidos que vienen desde afuera. Creo que sigue lloviendo, hace ya como dos horas (¿dos horas?). La sensación de no ser capaz de moverme, de no poder cambiar de estado, se prolonga hacia las pocas situaciones que percibo. No necesito levantar la cabeza para ver la lluvia.
Recuerdo el verde mojado, no hay nada mas violento que lo inevitable.
Ahora mis extremidades son ajenas a mi cuerpo, siento en mis piernas el peso de una parte
mía que no tengo. Sé que si mis entrañas me impulsaran a incorporarme, lo haría, aunque no estoy tan segura. Tal vez sea una enfermedad. Una línea impuesta y divisoria entre mi cerebro y todo mi organismo. Sospecho que si sintiera algún dolor, me movería, por reflejo, aunque tal vez, en este mismo momento mi cuerpo siente dolor y mi cerebro no lo registra...
Por un momento, siento la
tentación de moverme, pero eso sería una irresponsabilidad literaria, y también... muy violento.
Voy a dejar que todo siga su curso natural (ésa palabra...) , sólo tengo exigencias mentales.
Ya
perdí la noción del tiempo.
En mi cabeza tengo
imágenes sucesivas y veloces, rostros de la sociedad burguesa y sus fiestas, y sus viajes a la mítica isla griega Citerea, la indiferencia de la mirada de la Infanta Margarita... y aquel espejo acusante, ese aire hastiado, compartido por el espíritu de los muertos de Gaugain.
Todos ellos instalan en mi un sentido de la violencia muy exquisito, la violencia de lo
inmóvil. También recuerdo aquel axolotl, al que le tuve tanto miedo de chica, un miedo premonitorio, el miedo de que tal vez no se cumpla... que sea una auto-sentencia fallida, y finalmente, no me vuelva parte del paisaje que recuerdo, ni del verde, ni de la lluvia, ni de las miradas en las que afanosamente ambiciono permanecer.
(Ni en el azul de su risa que
todavía resuena como hielitos en un vaso vacío...)
No puedo dejar de pensar en esa
transformación, en la conversión. Y dudo de mi condición, de mi sinécdoque, incluso de mi aparente quietud.
Me la
tendré que aguantar, tal vez, esto no sea más que la satisfacción de un deseo antiguo. Nada peor que los deseos a destiempo.
Y pienso que me hubiera venido bien aprender un poco más de
biología, de genética, de física, de esas circunstancias en las que se gestan las maniobras naturales, tan naturales como arbitrarias, perversas. Me hubiese gustado saber el punto en donde estas exigencias mentales se cruzan, se encuentran, se entreveran, y se confunden con esos condicionamientos naturales, o mejor dicho... violentos.
Tengo miedo de moverme, no sé si
saldré volando, nadando, o podré erguirme para seguir camino.
El concepto de violencia me erosiona el
corazón y habita contínuamente conmigo
Otra vez, ahora... el cielo gris, el verde mojado del
pasto, la lluvia incesante, y su risa como hielitos en un vaso vacío.
Que violentos son los pensamientos. Casi nunca piden
aprobación.

Mina. 10/08/04

La Primera Noche


A estas horas empiezo a vislumbrar mi noche, larga, difícil, húmeda, solitaria.
Sucede que es la primera después del sacudón, la primera después de la música. La posterior a la del amor que invade como el agua.
Hoy es noche de teclado, de auriculares con Liliana Felipe, de mate frío, lavado, recalentado, frío... lavado y así...
Sucede también que hoy mi cama vuelve a tener las patas en el suelo...
Empiezo a anticipar mi semana de camino amarillo con hormiguitas en el paso. Y pienso como haré para llegar a felíz término...
Para cumplir horarios...
Para cumplir tareas...
Para firmar correspondientemente...
Para ser tolerante con los que duermen...
Para no levantarme de mal humor...
Para pintar...
Para no olvidar...
Para no recordar demasiado...
Para no extrañar...
Para cuidarme de la tos...
Para dormir lo suficiente...
Para no tener frío...
Para pensar en mi pierna...
Para pensar...
Que difícil será mi semana sin vos.
De todos modos sonrío... recuerdo, acaricio y beso mentalmente las flores de mis sienes.